Tiempo estimado: 4 min.

La Solidaridad Impuesta.

Escrito por

Marina Luque

¿Viste ayer el telediario? ¿Y antes de ayer? ¿Y el otro? 

Ayer hablaba por teléfono con mi Abuela, se llama Anita y ve una injusticia esto que está pasando. ¿Por qué les ha tocado vivir una vejez tan mala? Preguntaba. Lo dice a sus 91 años, bien cuerda, y con el cuello lleno de collares que adornan su outfit todos los días, aunque sea para estar en casa. Le gusta verse guapa, más de lo que ya es, y odia el negro.

Ana ve el mundo como yo, y eso que algunos años de diferencia distan entre nosotras. 

Estamos en un momento en el que lo importante dejó de ser importante; en el que hemos aprendido a vivir con incertidumbre; o en el que un abrazo empezó a ser virtual. Cuando tienes que aprender a vivir en soledad; cuando tienes que esperar para ver a algún ser querido, o cuando ves coartada tu libertad, te das cuenta de cuán caprichoso es el destino, que nos quita cosas que ni siquiera sabíamos que necesitábamos. 

Nos hemos permitido muchas cosas durante este tiempo. Hemos perdonado aún sin que nos lo pidieran; hemos querido, más que antes si cabe; hemos fallado y aprendido; hemos sido productivos, e improductivos. Y ¿qué mas? Hemos llorado, nos hemos lamentado y hemos sufrido las desgracias ajenas y propias. 

¿Y por qué? Porque somos buenos por naturaleza, aunque a veces malos por vocación. Conscientes, aunque algún inconsciente suelto si que hay. Con días, mejores y peores. Con compasión y empatía. Y solidaridad. 

¿Dónde se aprende todo esto? Al final va a ser verdad que estas situaciones, hacen que salga todo lo bueno que tenemos dentro. ¿Será verdad que del egoísmo a la solidaridad solo hay un paso? 

Vuelvo al telediario, a las redes sociales y a los millones de noticias a las que estamos expuestos todos los días. Veo estrategias. La rutina que intentas llevar cada día es una estrategia para conseguir algo en un tiempo, o para sentirte de alguna manera. Pero también veo que las numerosas empresas que se han unido a este movimiento solidario siguen, como tú, una estrategia. Para conseguir, ¿que los conozcan?, ¿que les recuerden?, ¿para (per)seguir esta solidaridad impuesta?, ¿o para ser fieles a sus principios? 

Lo dejo a tu criterio. Yo prefiero pensar que no hay respuesta correcta, que la Responsabilidad Social Corporativa, tiene más de social que de corporativa, y que, si la solidaridad es impuesta, aprendamos a vivir con ella sin necesidad de ser obligada, pero sí con una estrategia que ayude a cumplir objetivos. 

Me pregunto si Ana será capaz, algún día, de perdonar todo esto que ella ve como una injusticia. Y yo creo que, aunque ellos sean los que menos se lo merecen, perdonarán y hasta salvarán el tiempo que se les ha arrebatado, y el que nosotros hemos intentado aprovechar. 

¿Viste ayer el telediario? ¿Y antes de ayer? ¿Y el otro? 

Ayer hablaba por teléfono con mi Abuela, se llama Anita y ve una injusticia esto que está pasando. ¿Por qué les ha tocado vivir una vejez tan mala? Preguntaba. Lo dice a sus 91 años, bien cuerda, y con el cuello lleno de collares que adornan su outfit todos los días, aunque sea para estar en casa. Le gusta verse guapa, más de lo que ya es, y odia el negro.

Ana ve el mundo como yo, y eso que algunos años de diferencia distan entre nosotras. 

Estamos en un momento en el que lo importante dejó de ser importante; en el que hemos aprendido a vivir con incertidumbre; o en el que un abrazo empezó a ser virtual. Cuando tienes que aprender a vivir en soledad; cuando tienes que esperar para ver a algún ser querido, o cuando ves coartada tu libertad, te das cuenta de cuán caprichoso es el destino, que nos quita cosas que ni siquiera sabíamos que necesitábamos. 

Nos hemos permitido muchas cosas durante este tiempo. Hemos perdonado aún sin que nos lo pidieran; hemos querido, más que antes si cabe; hemos fallado y aprendido; hemos sido productivos, e improductivos. Y ¿qué mas? Hemos llorado, nos hemos lamentado y hemos sufrido las desgracias ajenas y propias. 

¿Y por qué? Porque somos buenos por naturaleza, aunque a veces malos por vocación. Conscientes, aunque algún inconsciente suelto si que hay. Con días, mejores y peores. Con compasión y empatía. Y solidaridad. 

¿Dónde se aprende todo esto? Al final va a ser verdad que estas situaciones, hacen que salga todo lo bueno que tenemos dentro. ¿Será verdad que del egoísmo a la solidaridad solo hay un paso? 

Vuelvo al telediario, a las redes sociales y a los millones de noticias a las que estamos expuestos todos los días. Veo estrategias. La rutina que intentas llevar cada día es una estrategia para conseguir algo en un tiempo, o para sentirte de alguna manera. Pero también veo que las numerosas empresas que se han unido a este movimiento solidario siguen, como tú, una estrategia. Para conseguir, ¿que los conozcan?, ¿que les recuerden?, ¿para (per)seguir esta solidaridad impuesta?, ¿o para ser fieles a sus principios? 

Lo dejo a tu criterio. Yo prefiero pensar que no hay respuesta correcta, que la Responsabilidad Social Corporativa, tiene más de social que de corporativa, y que, si la solidaridad es impuesta, aprendamos a vivir con ella sin necesidad de ser obligada, pero sí con una estrategia que ayude a cumplir objetivos. 

Me pregunto si Ana será capaz, algún día, de perdonar todo esto que ella ve como una injusticia. Y yo creo que, aunque ellos sean los que menos se lo merecen, perdonarán y hasta salvarán el tiempo que se les ha arrebatado, y el que nosotros hemos intentado aprovechar. 

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Ana ve el mundo como yo, y eso que algunos años de diferencia distan entre nosotras. 

Estamos en un momento en el que lo importante dejó de ser importante; en el que hemos aprendido a vivir con incertidumbre; o en el que un abrazo empezó a ser virtual. Cuando tienes que aprender a vivir en soledad; cuando tienes que esperar para ver a algún ser querido, o cuando ves coartada tu libertad, te das cuenta de cuán caprichoso es el destino, que nos quita cosas que ni siquiera sabíamos que necesitábamos. 

Nos hemos permitido muchas cosas durante este tiempo. Hemos perdonado aún sin que nos lo pidieran; hemos querido, más que antes si cabe; hemos fallado y aprendido; hemos sido productivos, e improductivos. Y ¿qué mas? Hemos llorado, nos hemos lamentado y hemos sufrido las desgracias ajenas y propias. 

¿Y por qué? Porque somos buenos por naturaleza, aunque a veces malos por vocación. Conscientes, aunque algún inconsciente suelto si que hay. Con días, mejores y peores. Con compasión y empatía. Y solidaridad. 

¿Dónde se aprende todo esto? Al final va a ser verdad que estas situaciones, hacen que salga todo lo bueno que tenemos dentro. ¿Será verdad que del egoísmo a la solidaridad solo hay un paso? 

Vuelvo al telediario, a las redes sociales y a los millones de noticias a las que estamos expuestos todos los días. Veo estrategias. La rutina que intentas llevar cada día es una estrategia para conseguir algo en un tiempo, o para sentirte de alguna manera. Pero también veo que las numerosas empresas que se han unido a este movimiento solidario siguen, como tú, una estrategia. Para conseguir, ¿que los conozcan?, ¿que les recuerden?, ¿para (per)seguir esta solidaridad impuesta?, ¿o para ser fieles a sus principios? 

Lo dejo a tu criterio. Yo prefiero pensar que no hay respuesta correcta, que la Responsabilidad Social Corporativa, tiene más de social que de corporativa, y que, si la solidaridad es impuesta, aprendamos a vivir con ella sin necesidad de ser obligada, pero sí con una estrategia que ayude a cumplir objetivos. 

Me pregunto si Ana será capaz, algún día, de perdonar todo esto que ella ve como una injusticia. Y yo creo que, aunque ellos sean los que menos se lo merecen, perdonarán y hasta salvarán el tiempo que se les ha arrebatado, y el que nosotros hemos intentado aprovechar. 

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Ana ve el mundo como yo, y eso que algunos años de diferencia distan entre nosotras. 

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Nos hemos permitido muchas cosas durante este tiempo. Hemos perdonado aún sin que nos lo pidieran; hemos querido, más que antes si cabe; hemos fallado y aprendido; hemos sido productivos, e improductivos. Y ¿qué mas? Hemos llorado, nos hemos lamentado y hemos sufrido las desgracias ajenas y propias. 

¿Y por qué? Porque somos buenos por naturaleza, aunque a veces malos por vocación. Conscientes, aunque algún inconsciente suelto si que hay. Con días, mejores y peores. Con compasión y empatía. Y solidaridad. 

¿Dónde se aprende todo esto? Al final va a ser verdad que estas situaciones, hacen que salga todo lo bueno que tenemos dentro. ¿Será verdad que del egoísmo a la solidaridad solo hay un paso? 

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Lo dejo a tu criterio. Yo prefiero pensar que no hay respuesta correcta, que la Responsabilidad Social Corporativa, tiene más de social que de corporativa, y que, si la solidaridad es impuesta, aprendamos a vivir con ella sin necesidad de ser obligada, pero sí con una estrategia que ayude a cumplir objetivos. 

Me pregunto si Ana será capaz, algún día, de perdonar todo esto que ella ve como una injusticia. Y yo creo que, aunque ellos sean los que menos se lo merecen, perdonarán y hasta salvarán el tiempo que se les ha arrebatado, y el que nosotros hemos intentado aprovechar. 

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